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23 de septiembre de 2016

Ha salido el sol

Papá ha cumplido dos meses de estar en casa. A ocho meses desde que papá ingreso al hospital por lo que fuese un simple dolor de estómago y que más tarde terminaría en tres cirugías y un delicado estado de salud, por fin pudimos ver las nubes grises despejarse y asomar los rayos del sol.

¿Qué puedo decirles? Este tipo de experiencias sirven para poner a prueba nuestras capacidades humanas, y ver de que estamos hechos. Probamos nuestra fortaleza, nuestra unión como familia y mi madre de gran temple pudo corroborar que es capaz de llevar el control de una casa, de un negocio y el cuidado de su esposo sin necesidad de gran ayuda. Hubo muchas noches de lagrimas, de angustia, de incertidumbre y dolor pero también siempre había esperanza y resignación  ante lo que la vida y Dios dispusieran. 


Cuando papá salió del hospital no nos hicimos muchas esperanzas, temíamos una recaída y veíamos como un sueño lejano el olvidarnos del hospital, sin embargo y contra todo pronóstico, mi padre se ha ido recuperando, en un principio muy lentamente y también fue otro proceso difícil pero se logro superar. No comía mucho y no se sentía bien, sin embargo de a poco fue tolerando los alimentos e ingiriendo un poco más cada día y ahora come como siempre lo hizo.


Que alivio verlo bien, ya con fuerzas y con energía rehaciendo su vida. No sé si habrá aprendido mucho o poco de esta experiencia, ni si este consciente de la gran segunda oportunidad que le concedió la vida.


Yo por mi parte esta experiencia me ha servido para ser más agradecida, más sensata, disfrutar más. Estas cosas no deben pasar en vano por nuestras vidas, cuando algo así ocurre debemos remontarnos en nuestra vida, agarrarla con fuerza y hacer cambios radicales para agradecer.


Las cosas se acomodaron de manera estupenda y han venido buenos vientos, buenas noticias, buenas oportunidades. Así es la vida, así lo dicen, después de la gran tormenta viene la calma y se asoma con fuerza el sol.
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23 de junio de 2016

Días nublados

Y seguimos aquí, entre días nublados, tomando fuerzas de quién sabe dónde para mantenernos en pie, para no tirarnos a llorar, para seguir luchando junto a papá.
El viernes de la semana pasada, al fin lo dieron de alta en el hospital. 4 meses y medio es lo que llevábamos de hospitalización. Han sido tiempos duros, el hospital termina cansando tanto a los enfermos como a los familiares que acompañamos, mi madre a veces se agobiaba, lloraba, desesperaba pero eso sí, jamás jamás se ha vencido. De hecho mi admiración a ella ha crecido enormemente, ha tenido un temple sorprendente, ha soportado situaciones francamente decepcionantes por parte de la familia de papá, pero ella sólo calla, ha sacado a flote el negocio familiar que estaba en ceros y para ser honestos, han sido estos 4 meses los de mayor estabilidad económica que se ha visto en casa.

Hicimos un equipo genial, entre mi madre y las tres hermanas que somos jamás dejamos sólo a papá mientras estuvo internado, siempre nos rolamos para pasar la noche y los días junto a él. 

Pero no todo ha sido malo, hemos visto tantas historias, hemos hecho tantos amigos, lecciones de vida hemos aprendido.

Sin embargo esto parece no tener fin. Sigo viendo a papá mal, a casi una semana de volver a casa no lo veo tan repuesto como esperábamos que fuera al pasar los días y definitivamente no es el mismo de hace 4 meses y medio, le han robado unos años, le han robado unos kilos, ahora luce delgado, flaco, acabado. Y sigo orando, sigo rezando, sigo deseando que no se canse de luchar, que no se canse de vivir, que siga dando batalla. Él también ha sido un guerrero, ha resistido operación tras operación y ha vuelto a abrir sus ojos, pero luego noto su cansancio y no se como darle fuerzas, como pedirle que mantenga siempre la voluntad de respirar.

Mientras el mundo gira y gira allá afuera, para nosotros se ha detenido el tiempo, un pedazo de nuestro corazón esta fragmentado y no nos deja olvidar. Pero sigo con la firme idea de qué las cosas pasan por algo, sigo creyendo que una lección valiosa hay tras esto y no pierdo la esperanza de que mañana veamos esto sólo como una batalla, la batalla más dura que hemos enfrentado, de la que saldremos victoriosos.

18 de febrero de 2016

Los tragos amargos de la vida

Hace sólo un par de semanas atrás, en un intento de retomar el blog, describía lo bien que habíamos iniciado este año, y todos los planes y proyectos nuevos que venían.

Comenzamos enero adquiriendo nuestros primeros muebles: una sala, un comedor y nuestro refrigerador. No podría describirles la emoción que esto causa en unos recién casados (ni tan recién) que no tienen mucho y que quieren emprender la aventura de la independencia. También celebrábamos mi recién graduación de la universidad y mis energías estaban puestas en aprobar mi examen de egreso de la licenciatura CENEVAL y en buscar nuevos proyectos y clientes para estrenarme como recién egresada. Y entre tanto júbilo e ilusión que traen los comienzos de un nuevo año, de pronto el panorama nos cambió y todo se nos nubló.

Un viernes 30 de enero, casi a punto de dar la media noche, me llamó mi hermana menor al celular para informarme que estaban con papá en el hospital porque él se sentía muy mal. Esa noche comenzaba la primera noche de muchas en vela que se avecinaban. Angustiada desperté a Edgar y le dije que papá estaba en el hospital pero que no sabía qué pasaba. Inmediatamente decidió irse al hospital con mamá y mi hermana y fue él quien esa noche se quedó con papá mientras mi madre y mi hermana regresaron a dormir un rato. Papá estuvo toda la noche en observación, al parecer el problema era estomacal. Erradamente la palabra "estomacal" me tranquilizó, y tenía la esperanza de que papá estaría de vuelta en casa a la mañana siguiente. Sin embargo, ya en la mañana, cuando todavía estaba en cama, mamá me llamó para informarme que papá estaba por entrar a quirófano. La escuche angustiada pero yo mantuve mi estado optimista, papá es un hombre joven, sabía que saldría con bien. Fue un muy largo día en espera de noticias suyas, pero fue hasta media noche que mamá lo pudo ver y estar con él. En cuanto pude fui a verlo y a estar con él en el hospital. Su progreso parecía rápido, ingresó un viernes al hospital y calculábamos que antes de la semana estaría de vuelta en casa. Estaba débil, es cierto, pues fue una cirugía de gran complejidad, la oclusión estomacal que presentó provocó que le tuvieran que retirar un pedazo de intestino. Y cuando todo parecía ir de maravilla descubrieron que había infección por dentro y hubo que echar todo para atrás. Retiraron de nuevo alimentos y volvió el ayuno. Los días comenzaban a tornarse pesarosos, las noches interminables y el agobio entre mis padres comenzó a causar fricciones. De pronto papá entro en depresión, estaba cansado de estar en el hospital, y en medio de esa terrible tensión nos dieron la noticia de que papá entraría nuevamente a quirófano. Justo cuando creíamos que nada podía ser peor, nos llegó esta noticia como balde de agua fría, puesto que papá estaba débil física y anímicamente. 

Tanto mamá como papá lloraron mucho antes de que él entrara a cirugía. Fue imposible mantenerme ilesa en medio de un ambiente tan deprimente y rompí en llanto también. Las horas de espera nos parecieron las más amargas, más a mi madre que a mí. Después de la larga espera el doctor salió a darnos informes. Cuando me llamó yo estaba sola, me preguntó por mamá y también me preguntó cuántas hijas éramos. Al decir que éramos tres pude ver su mirada lastimera y un gran vuelco sacudió mi estómago, sentí un dolor terrible, mi cuerpo vencido y las peores cosas pasaron por mi mente. Le llamé a mi madre con urgencia, le dije que el doctor la estaba esperando. El silencio incómodo me hacía temblar. Al fin llegó mamá y el doctor habló: papá había salido ya de cirugía (-¡urra!, gritó con gran alivio mi corazón), peeeeero el doctor nos advirtió que papá estaba muy muy delicado, que había sido una cirugía muy difícil y que el peligro aún no pasaba. Nos pronóstico muchas semanas más de hospital y nos advirtió que vienen tiempos muy difíciles. Cuando se marchó, mamá me abrazo y se soltó a llorar, yo lloré un poco, sólo quería reconfortarla. Ya cuando estuve a solas, lloré y lloré mucho, deje que el dolor fluyera de mi corazón.

Ahora estoy aquí, en la sala de un hospital, junto a mi padre, velando sus sueños y adaptándome a este nuevo ritmo de vida, a trasnochar, a los vaivenes de casa al hospital, a dejar a Constanza algunos días sin mí y aprendiendo a coordinarme junto a mamá y mis hermanas. Han sido tiempos complicados, pero juntos lo hemos logrado. Agradezco el infinito apoyo de mi esposo, pieza clave en este engrane que trabaja para que todo salga bien. La amabilidad y dedicación de algunas enfermeras hacen más liviana esta situación y cabe mencionar que papá es muy querido y popular en el hospital. Anhelo fervorosamente que papá se recupere y lo tengamos de vuelta en casa sano y salvo, no importa cuántas semanas sean, si es ese el precio que hay que pagar por su vida y su salud, me parece poco. Es tiempo de sacar la casta, y seguir adelante pese a esta prueba que el destino nos ha puesto. Después de todo, en estas noches noctámbulas encuentro la inspiración para escribir.


Saludos cariñosos.

23 de septiembre de 2013

Fin de semana


Ha sido un fin de semana maravilloso de principio a fin. Empezando desde el viernes que nos fuimos con mis padres y mis hermanas al cine. Vimos la película de "No se aceptan devoluciones" que por cierto le dedicaré un post por se una maravillosa película.


El sábado también fue divertido. Fue uno de esos días en que agradezco a mis padres (aunque papá diga que no) que cuiden de Contanza, ya que mientras todos se encuentran descansando, yo tengo que trabajar pero se que mi hija se queda bien atendida, y bueno ella anduvo de pata de perro junto a mis padres. Comieron juntos en Burguer King y regresó muy feliz porque su abuelo le obsequió un Monster High de peluche. Por la nochecita nos fuimos a "Recorcholis" en dónde hay muchos juegos y ganas tickets que después puedes canjear por un obsequio. Pasamos un rato muy agradable jugando, ganamos muchos tickets y al final lo canjeamos por un bonito teléfono que Coni escogió.









Y bueno, el domingo fue día de trabajo. Pero después también fuimos a donar despensa, algo que me hizo muy feliz pues aportamos nuestro granito de arena y también quiero dedicar un post a ese momento.



Y bueno, llego mi edredón para mi cama y un cuelga ropa que compré para la recámara de Coni. Y cuando llegamos a casa, encontramos sobre la cama una bonita pijama y unos calzoncitos que le obsequiaron mis padres a Coni.






Fue un gran fin de semana!


26 de junio de 2012

Felices 5 años!

Para Constanza:

Hoy cumples 5 años... para ti es un día de festejo y alegría en el que te damos algún presente por que cumples años. Para mi y los que te amamos esto tiene un significado mucho más profundo.

5 años de que me encamine en un hermoso camino que es para siempre. 5 años, 60 meses, miles de días en los que hemos aprendido infinidad de cosas, entre esas cosas aprendí que ser madre no es sólo tener un bebe pequeño entre brazos, ni  es cosa de unos años, ser madre es un compromiso de por vida. Y no solo un compromiso, un desafío total y permanente. Conocí también el amor más puro e incondicional que existe sobre la tierra. Aprendí que la maternidad es un proceso de aprendizaje mutuo, tu y yo aprendemos.

Me contagiaste de unas inmensas ganas de vivir por y para ti, de luchar por mis sueños y de construir un futuro mejor tanto para mi como para ti. Desde que tu estas aprendí a dar, darte mi amor, mi cariño, mi consuelo, mi protección y mis consejos, todo se resume en dar sin pedir más que tu sonrisa.

Tu amor no solo me contagio a mi, también a Edgar, a tus abuelitos, a mis hermanas y mucha gente que se desviven por ti y por darte lo mejor. Espero que todo ese amor que te rodea sea un escudo protector que no permita que nadie te dañe el día de mañana.

Tan pronto han pasado 5 años de haber recibido la bendición más grande y el regalo más hermoso que la vida  me concedió: tú llegada.

Hoy puedo decir que lo veo todo con una perspectiva diferente, y es natural ya que no es lo mismo ser una madre con 18 años que una madre con 22 años. Mientras tu has crecido yo he madurado en este proceso.

En fin, 5 años y hoy quiero felicitarte y desearte sólo lo mejor mi niña. Que tu luz brille siempre con gran esplendor y tu risa haga hueco por todos los rincones, que siempre se halle floreciendo la esperanza y la alegría en nuestro jardín. Que aún en días nublados sepas apreciar la hermosura de la vida, y que te dejes empapar por las ganas de vivir, que siempre tengas la convicción de un futuro mejor y no dejes nunca que se apagan tus sueños.

Felices 5 años!
Te amo

Atte. Wendolin





3 de julio de 2010

Mis ángeles de la guardia



Hoy quiero agradecer a mis padres, los abuelos de Constanza, por TODO.


Simplemente sin ellos no se en donde estariamos pequeña Constanza. Y esque hay que mencionar que soy madre soltera y estudiante y son mis padres quienes nos proveen de todo lo necesario y más además lo hacen con mucho amor y con todo el corazón.


No hay palabras para agradecerles todo lo que hacen por nosotras.


Simplemente GRACIAS, Constanza los ama al igual que yo!


Es por ustedes que seguiré luchando para poderles regresar sólo un poco de lo que nos dan a mi a mi hija.





Para VICTOR HUGO VERA RAMOS y ALMA LILIA HERNÁNDEZ MONTES

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