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20 de junio de 2017

Colecho en casa y la cunita ideal para ello.

Desde que nació mi primer hija, fui fan del colecho, pues me sentía más segura de tener a mi bebé en brazos junto a mi, que teniéndola en la cuna, aunque esta estuviera a un costado de mi cama. Recuerdo que me daba una especie de paranoya, que cuando la ponía en su cuna e intentaba dormir en mi cama, a los cinco minutos despertaba sobresaltada y me asomaba para corroborar que la bebé respiraba. A ese ritmo era imposible descansar así que terminaba por pasar a la bebé a mi lado, y las dos dormíamos más plácidamente. Con el paso del tiempo me dediqué a leer sobre el colecho y descubrí que aparte de descansar mejor, el colecho traía muchas más ventajas para mi hija.

A diez años repetimos la fórmula.

Isabel llegó tan adelantada que ni siquiera habíamos comprado lo necesario para su llegada, ni ropa, ni biberones ¡ni cuna! Dormirla con nosotros era la única opción. Las primeras dos noches no pudimos descansar,  ya saben, bebé recién llegado y todos los miedos del mundo. Mi esposo temía que por el cansancio pudiéramos asfixiar a la bebé o lastimarla al dormir, así que recuerdo que una noche salió con mi hija mayor, con el pretexto de ir a la tienda. En realidad había venta noctura y fue en busca de la cuna para Isabel.
 
Llegó con lo que nosotros describimos la cuna ideal: Next2me de la marca Chicco. Esta es una cunita hecha para el colecho por su sistema de anclaje que permite unirla a la cama, además de que se puede usar como cuna convencional. Se ajusta a diferentes alturas y también puede inclinarse para reducir los riesgos en bebés que sufren reflujo.

A nosotros nos ha parecido una cuna muy práctica, ocupa muy poco espacio y dormimos muy a gusto teniendo a la bebé junto a nosotros sin temor de hacerle daño. Claro que ahora que está más grande, los miedos han disminuído y aveces la dormimos entre nosotros por el puro placer de dormir todos abrazados.

En conclusión, recomiendo ampliamente el colecho: se descansa mejor, favorece la lactancia materna y el bebé se siente más seguro. Si tienen miedo de lastimar al bebé, pueden optar por una cuna especial para colecho, te aseguro descansarás más y mejor.

¿Y ustedes colechan?

27 de mayo de 2017

Mi experiencia con la lactancia materna

No siempre amamantar es la etapa idílica que muchas madres gozan, algunas lo vivimos de manera distinta.No hay texto alternativo automático disponible.

Isabel ha llegado a los siete meses, y poquito pero sigo dando pecho. Aunque no es lo que hubiera soñado ni como lo esperaba pero lo hemos prolongado un poco más que con mi primer hija y eso ya es ganancia.

Cuando nació Constanza, mi primera hija, tenía bastante leche pero no hubo una lactancia exitosa debido a mi falta de información. Yo estaba estudiando por la tarde, desde la una y hasta las ocho de la noche estaba fuera de casa y Constanza se fue desadaptando al pecho. Cuando llegaba por la noche, era un batallar que quisiera agarrar el pecho pues lloraba, gritaba y se desesperaba y ¿cómo no? El biberón caía de a mucho y sin esfuerzo y mamar resultaba cansado. Pude haberme tirado la leche y dejarla en el biberón para no perder ese leche, pero no lo sabía y así se fue perdiendo la leche y ese contacto que sólo duró tres meses.

Con Isabel me había prometido prolongar nuestra lactancia, y vivir esa lactancia de ensueño de la que hablan muchas mamás, pero vaya que me fui a dar de bruces contra la pared y todo lo que había idealizado en ese perfecto embarazo se me salió de control, se me salió de las manos en el momento que me ingresaron de urgencias a quirófano y me dijeron que interrumpirían mi embarazo de 28 semanas.

Una vez nacida Isabel, como es natural, tenía leche suficiente que se escurría a todas horas, pero llegaba el primer obstáculo: Isabel estaba internada y en ayuno, no había modo de amamantarla y mucho menos de dejarle leche porque simplemente no era tiempo de alimentarla. Internada ella e internada yo, pedí un tira leche aunque me dolía en el alma tirar esos calostros que no podían ser para mí bebé. Tenía que usar el tira leches a escondidas pues estaba contraindicado en el hospital, ¡la extracción tenía que ser manual! Nuevamente estaba desinformada, no tenía idea de cómo hacerlo manual.

Después llegó el momento en que alimentarían a Isabel. ¡Urra! Quería ir corriendo a banco de leche para dejarle mi leche que seguro le haría mucho bien además era el único vínculo que tendríamos permitido, pues no la podía cargar, oler o besar... y entonces ALTO, -''estás tomando muchos antihipertensivos, lo sentimos, no le puedes dejar leche''. Metroprolol, losartan, nifedipino formaban parte del cóctel de medicamentos que me suministraban para la presión elevada y ni con eso me estabilizaba. Que deprimida me sentía.. Toda esa leche se me iba y no podía hacer nada. 
Entonces las cosas empezaron a cambiar para bien, todo tomaba su rumbo y el sol se empezaba a asomar, comenzaban a bajarme el medicamento hasta que llegó el momento en que pude ir al banco de leche.

Con que alegría llegaba todas las mañanitas al banco de leche. Me quitaba mi blusa, me ponía mi bata, seguía un riguroso protocolo de limpieza en manos y mamas, usaba cubreboca y entonces me enseñaron a realizar la extracción manual. Apenas juntaba una onza, mi producción de leche era escasa, ya había pasado un mes del nacimiento de Isabel, y que envidia me daba ver a las mamás que llegaban inflamadas de tanta leche y se daban el lujo de llenar dos o tres frascos de leche mientras yo apenas si lograba juntar una onza. Pero no me desanimé, todos los días llegaba con gran entusiasmo pensando que a través de esa poquita leche le dejaba todo mi amor a esa bebita que no podía más que ver en la incubadora. 

Y por fin llego el día de tener a Isabel en casa. Que trabajo costo que agarra el pecho pero lo agarro aunque jamás se lleno, siempre lloraba y se quedaba con mucha hambre por lo que hubo que complementar con fórmula. Por eso digo que hemos tenido una lactancia insipida pero lactancia al fin y al cabo. 

Con poca leche, jamás volví a sentir los pechos llenos, y ya ni me gotean pero me sigo poniendo a Isabel de vez en cuando porque sé que le gusta ese contacto, aunque después de unos minutos grite y llore porque le es insuficiente.
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Mamitas que íbamos a Banco de leche humana, mamitas de  bebés prematuros.

17 de mayo de 2017

Iniciando la alimentación complementaria: esta fue mi experiencia con los alimentos naturales y los envasados.


Llegamos a los seis meses con un peso de 5,600 kilitos, y aunque dudamos que el pediatra nos daría luz verde para iniciar la alimentación complementaria, sí sucedió. No podría describir la cara de felicidad que vi reflejada en Edgar, aunque con Isabel hemos aprendido a ir paso a pasito, cada qué hay un avance nos emocionamos enormemente.

Para comenzar el pediatra nos recomendó algunas verduras como la zanahoria y el chayote y algunas frutas como el plátano, la manzana y la pera. 

Lo primero que le dimos a probar a Isabel fue el plátano y ¡le encantó! Tanto que gruñía cuando ya no le dábamos más. Lo siguiente fue la manzana y también la aceptó muy bien.

Después iniciamos con la zanahoria (aunque lo recomendable es iniciar con las verduras pues si se inicia con los sabores dulces se corre el riesgo que rechacen las verduras). Para darle la zanahoria la puse a cocer con un poco de agua, pero no tuvimos mucho éxito pues la zanahoria no quedo con una textura muy suave y la bebé la regresaba con su lengua. Después le di chayote que igual cocí en agua y después lo licué para hacerlo papilla. También lo aceptó bien.

Después me aventuré a comprar unas papillas etapa 1. Ya sé, ya sé qué hay mamitas que descalifican estos productos envasados y prefieren dar los 100% natural, pero a mí de vez en cuando sí me gusta apoyarme de estos alimentos, pues a veces andamos a las prisas o tenemos que salir y entonces estos frascos te ayudan a salvar el día. Por otro lado la textura extra suave que tienen ayudan al bebé a digerir fácilmente. Yo me emocioné comprando unas probaditas y unos jugos de primera etapa y le cayeron muy bien a la bebé.



Esta semana nos aventuramos a mezclar verduras: hoy por ejemplo le hice su primer papilla de papa, zanahoria y espinaca, éxito total.



Nuestra experiencia: a Isabel le encantan por igual los alimentos envasados o lo que mamá le prepara manual, en realidad a ella le encanta comer y comer, se come bien las verduras y muy bien las frutas. Un dato curioso: no ha disminuído la cantidad de leche que ingiere, sigue con sus ocho tomas al día. Y finalizando, me gusta prepararle sus comidas, disfruto licuarlas e ir a seleccionar las verduras y las frutas que le voy a dar pero también me encanta apoyarme de los alimentos envasados, no todos los días hay ánimos de preparar comida o a veces el tiempo nos gana y confío en las papillas que venden en el súper, me las dieron a mi, se los di a Constanza y hoy repito con Isabel.

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