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5 nov. 2018

Los maravillosos 2

Parece que fue ayer cuando yo estaba aún internada en el hospital, con toda la incertidumbre que trajo el nacimiento de Isabel, parece que apenas fue hace unos días cuando la contemplaba tan pequeña y aparentemente frágil a través de una incubadora, toda llena de cables, toda pequeñita y delgada, con un antifaz cubriéndole los ojitos extraviados, y yo con tanto miedo, unas veces acariciándola, otras veces guardándome las ganas para no lastimar su delicada piel o para no dejar mis bacterias cerca de ella. Unas veces llorando, otras veces sonriendo, con tantas ganas de llevarla a casa conmigo y a la vez con tantos miedos y dudas.

Pero que rápido creció, que rápido recuperó su talla y peso, y yo que no tenía prisas, yo podía contemplarla con toda la paciencia que aprendes a tener una vez que has sido madre de un bebé prematuro, no importaba si aún no se sentaba, si aún no se rodaba, si aún no caminaba, lo tendrá que hacer pensaba. Y no importaba si tenía tres meses y la gente se detenía a mirarla y exclamaban ¡que bonito recién nacido! Más tiempo para disfrutarla pensaba yo. 

Y ahora corre, brinca y canta. ¿Quién le ha enseñado a contar? ¿Tú le has enseñado las letras? Nada, yo no le he enseñado nada, y de eso son testigo mis padres y mis hermanas. Nada que no aprenda con el juego, con los vídeos, nada que no aprenda por su propia cuenta, otras cosas se las enseña su hermana mayor y otras tantas su tía madrina. Nos tomo por sorpresa el día que la escuchamos contar del 6 al 10 mientras jugaba con las fichas del domino, aún no cumplía los dos y ya había aprendido a contar del uno al diez, mi esposo y mi hermana rieron asombrados, no nos dimos cuenta en qué momento sucedió pero ya había memorizado muy bien la secuencia. Y de pronto, cuando tomábamos un libro y le preguntábamos qué número había plasmado, también los identificaba. Después la escuchamos decir el: A E I O U. Sí, para unos cosas fue a paso lento, pero para otras ha sido muy rápida y tiene una memoria que realmente me sorprende. 

Han llegado también los berrinches, que se acentúan con el tiempo. Desde muy pequeña, cuando algo no le parecía, se tumbaba en el suelo. He de confesarlo, nos causaba mucha risa su forma de hacer berrinche. Pero ahora que crece, no sólo se conforma con tirarse al suelo. ha de gritar, y es aquí dónde tenemos que trabajar para aprender a controlar estos episodios y que no se vuelvan una forma de "manipulación" constante.

Pero para serles franca, cuando Constanza fue pequeña, jamás escuché el termino "los terribles 2". Y ha decir verdad, no me parecieron terribles, creo que es más bien cuestión de enfoque y ahora que hemos llegado a este punto con Isabel, no quisiera etiquetar así esta maravillosa etapa, esta que siento como la última etapa que hay entre un tierno bebé y el niño grande cada vez más autónomo. Creo que en lugar de enfocarme en los berrinches y en lo negativo que esta nueva etapa pueda tener, quiero concentrarme en disfrutar lo poco que me queda de mi bebé, en esos pasitos chistosos, esas frases  que a veces no se entienden, esas tomas de biberón cada vez más esporádicas, esos bracitos que me buscan junto a uno voz llamándome mamá, esa ropa que cada vez parece menos de bebé. Sí, hemos llegado a los maravillosos 2, bien conscientes de lo rápido que se va la vida, viendo a Constanza ya como toda una señorita, y tratando de disfrutar a ambas.

Y seguido me preguntan que cuando pienso quitarle el pañal, o que si pienso mandar a Isabel a la escuelita. A veces ni respondo, porque yo misma se que no hay prisa de nada, que quiero tenerla todas las mañanas conmigo dando guerra, porque ya llegará el momento en el que forzosamente deba irse a la escuela, y tampoco tengo prisa porque deje el pañal, llegará el momento en el que le incomode traerlo y este preparada para avisar, como lo hizo su hermana, sin presiones y a su ritmo.

¡Bienvenidos maravillosos 2! No se vayan tan a prisa, deténganse un poco, déjenme abrazarlos, disfrutarlos y contemplarlos. Y gracias Universo, por el precioso regalo que son mis hijas, gracias por permitirme acompañar y guiar su camino, concédeme muchos años más para seguir el camino junto a mi familia.