24 feb 2018

Una niña que me llena de orgullo

Constanza, mi Constanza se hace mayor, poco a poco su niñez se va apagando dejando paso a una hermosa señorita de la que estoy profundamente orgullosa. ¿Qué les puedo decir yo que soy su mamá? No es perfecta, y estaría muy errada de pretender que así fuera, sólo quiero que sea una mujercita feliz, completa y libre.

No hay plazo que no se cumpla, dicen por ahí y ha llegado el momento en que Constanza ha decidido mudarse a su recámara... así sin más, no puedo decir que “sin presionarla” porque seguramente sí ejerció presión las constantes opiniones de los demás que decían que ya estaba muy “grande” para dormir con nosotros, sin embargo, mi consejo fue siempre hacer odios sordos e irse cuando estuviera lista. En mi cama siempre será bien recibida pues no hay delicia más grande que dormir acurrucada a los hijos. 

Pero no sólo hemos dado fin al colecho, lleva algunas semanas demostrando lo responsable y madura que puede ser una niña de 10 años. Cansada de que mamá la despertara tarde y de andar corriendo por las mañanas, ella programa su alarma, se despierta y se levanta sola, se arregla y baja por su desayuno. La veo todas las noches apresurándose al baño, se pone la pijama y deja todo alistado para la mañana siguiente: su uniforme completo, calcetas, zapatos y el horario. Lo único que me pide es que la peine y eso porque yo le insisto pues siento que cuando ella se peina parece que no lo hiciera jaja

Eso sí, unos minutos antes apresura a papá para que la lleve a la escuela y nos exige llevarla con puntualidad pues no le gusta llegar tarde.

¿A qué es una niña maravillosa verdad? Además no tengo que decirle que haga la tarea, ella llegando de la escuela sabe que debe cambiarse el uniforme y realizar los deberes escolares. De pronto cuando tiene dudas me pide que le ayude o que le explique las cosas. Eso sí, aveces se aferra a que lo que le explico no es válido pues su maestra lo enseñó de otra manera.

La verdad me causa un profundo orgullo y gran admiración. Creo que los hábitos que se forjan hoy, difícilmente cambian mañana y estoy segura que esa disciplina y ese sentido de la responsabilidad que hoy muestra, la llevarán a conquistar sus metas.

Mientras tanto hoy mi hija me pone el ejemplo y veo los frutos de educar en amor, límites y responsabilidades.

No todo está dicho y sin duda aún tenemos mucho que aprender, tanto ella como nosotros sus padres, pero seguiremos esforzándonos por ser cada día mejores.

¿La fórmula mágica? No la hay, y tampoco se si gozaremos de la misma suerte con Isabelita jaja pero si quieres un consejo: crianza respetuosa, principios de crianza con apego, límites claros, mucho amor y suprimir el maltrato en cualquiera de sus tipos. 

¿Ustedes quieren compartirme sus historias? 

Me encantaría leerlas: wendolin.vera@hotmail.com

13 ene 2018

El cuarto que se quedó en silencio

La recámara estaba dispuesta, aquel rincón llevaba en sus paredes pinceladas de amor, con el color de la ilusión. Sobre el techo colgaba la juguetona esperanza y todas las ansias de una madre que aguarda paciente los nueve meses más largos de su vida. La alfombra tejida de alegrías estaba junto a la cuna y sobre las repisas yacían bien acomodados los anhelos de unos padres primerizos. Los adornos más bonitos de aquel rinconcito era la luz y el cariño que inundaban todos los espacios. Los juquetitos esperaban las manecitas gorditas que llegarían a tomarlos y la ropita enternecedora ya estaba toda lista. Se acercaba el feliz día y todo estaba dispuesto. Al fin llegó el momento. Mamá se fue al hospital. Por fin llegó la cita más esperada y aquella mamá pudo conocer al gran amor de su vida, y besar su tibia mejilla, y empaparse del dulce olor de un bebé, y sostener en su pecho aquel cuerpo pequeño y tibio... Pero algo pasó. Mamá regreso a casa con los brazos vacíos, el cuerpo dolorido, la leche acumulada en el pecho, y el alma destrozada.

Aquel cuartito que tenía que verse inundado de llantos y risas se quedó en silencio.

Hoy he elevado una oración por todas esas mamitas que viven los nueve meses más felices de su vida y después no todo sale como se había planeado, y aquellos sueños rosas se convierten en un amargo luto. Pido que este trance tan difícil pueda ser superado, pido porque no les falte la fortaleza y encuentren confort en su corazón, pido porque vuelvan a encontrar la alegría aunque lleven a cuestas un dolor que jamás se olvida. 

Envío abrazos cálidos para todas esas mamitas, les envío un: estoy aquí. No sé lo que duele pero te abrazo fuerte. No sé lo que duele pero te doy mi mano por si te sirve de apoyo. No sé lo que duele pero está mi hombro por si acaso quieres llorar. No sé lo que duele pero te ves hermosa cuando sonríes. No sé lo que duele, pero te escucho si quieres.

Hace unos meses me enteré de la desgarradora noticia de la partida de un angelito que recién había llegado a esta vida. Su estancia fue tan breve pero estoy segura que en ese breve estancia dejo un gran amor en sus padres. Todos fuimos testigos del gran amor con el que se esperaba su llegada.

Me quedé tan reflexiva después de todo lo que viví con Isabel estando en el hospital, y se lo difícil que es vivir un puerperio sin tu hijo en brazos, lo duro que es no tener el confort en esos momentos de un cuerpo tibio a tu lado. 

Se me ha hecho un nudo en la garganta. Se nos ha llenado de tristeza el corazón.

No sabemos por qué pasan las cosas, sólo sabemos lo que siempre hemos dicho:

Dios manda sus batallas más difíciles a sus mejores guerreros.

Y desde aquí solo puedo enviar luz a todas esas mamitas que viven un duelo, enviarles un abrazo y decirles que las admiro tanto, son un ejemplo de fortaleza y amor. 

Dedicado con cariño a todas las mamás que han visto partir a sus angelitos tan pronto como han llegado.
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Editada por Wendolin Vera. Con la tecnología de Blogger.