27 feb 2019

Ordenando al estilo KonMari


No podía ser más atinado el estreno de esta serie que a principios de año, justo cuando todo el mundo tiene el entusiasmo a flor de piel, todo el mundo quiere ser mejor e iniciar con nuevos propósitos para mejorar su vida.

De pronto por redes sociales se hizo popular el hashtag #KonMarie y yo quería averiguar de qué se trataba. Claro que ya me había dado una idea: todo el mundo limpiando, desechando lo que ya no usaban y organizando espacios. 

Me entusiasmo mucho la idea de una serie que estuviera hablando de la importancia del orden y la limpieza. Y aunque no he visto más que un capítulo de la aclamada serie, ya me he visto contagiada por las inmensas ganas de ordenar.

No siempre fui la mujer más ordenada, pero ya desde hace años atrás descubrí que la acumulación excesiva de cosas y el desorden me generaba mucho estrés. Observe que el desorden provocaba que fuera impuntual siempre, primero porque tenía dificultades para encontrar mis objetos de uso personal y perdía tiempo en buscarlos y segundo, porque antes de salir de casa me entraba un poco de ansiedad y comenzaba a ordenar todo lo que podía, lo que traía como consecuencia que saliera tarde hacía mis compromisos. Hoy creo que me he colocado en un punto medio, no soy la mujer más ordenada del mundo pero hace tiempo que mi recámara dejo de parecer un campo de batalla (bueno, aveces gracias a Isabel, sí que lo parece).

Desechando poco a poco

Nunca he sido una mujer que acumule y acumule ropa u objetos personales. Haberme convertido en mamá joven hizo que mi prioridad al momento de comprar ropa, fuera siempre Constanza, y ahora también Isabel. Así que se puede decir que mi ropero es algo básico. Sin embargo, siempre hay ropa que comienza a deteriorarse y cuando menos vemos, no la usamos y termina arrumbada. Procuro por eso darle una revisada periódica al closet y sacar todo lo que realmente no usamos.

Lo mismo pasa con los juguetes. Cuando menos nos damos cuenta, entre lo que reciben en día de reyes, día del niño, cumpleaños y demás, se han acumulado. Quizá eso sí me cuesta un poco más de trabajo desecharlos, pues me encariño con todos. Pero al final, terminamos juntando juguetes para donarlos.

Organizando por partes vs Todo de un tirón

#MarieKondo recomienda ordenar todo de un tirón, pero para mí, cuando se trata de ordenar y organizar, me gusta ir por partes, de lo contrario me resulta una labor muy cansada y corro el riesgo de dejarlo todo a medias. Así un día empiezo por el ropero, para la siguiente semana voy con la cocina, luego con los escritorios y así con todos los espacios que van requiriendo organización y limpieza.

Utilidad vs Felicidad

Este es otro punto que considero no aplica para los mexicanos, Marie Kondo sugiere que conservemos los objetos que nos traen felicidad, pero los mexicanos solemos darle valor sentimental a casi todo. Cuando voy a deshacerme de mis pertenencias, procuro hacer de lado el valor sentimental que cada objeto tiene para mi, pues de lo contrario, y puedo asegurar que así pasa para la mayoría, terminaría quedándome con todo. Así que prefiero ser objetiva y cuestionar si en realidad el objeto todavía es de utilidad en mi vida o solo resta espacio.

Método para doblar la ropa: lo mejor de la serie ¡A ordenar con Marie Kondo!

Si hay algo que realmente me fascinó al ver el primer capítulo de esta serie, fue el doblado de la ropa. Inmediatamente abrí mis cajones, saque toda la ropa y comencé a doblar según enseña Marie. Fue sorprendente. Siempre tuve dificultades para que la ropa me cupiera en lo que consideraba cajones demasiado pequeños. La misma cantidad de ropa, doblada de esta manera, ocupa una cantidad menor de espacio, y ahora los cajones que un día me parecieron pequeños, me resultan grandes. Además, esta manera de doblar permite tener a la vista cada opción en nuestro cajón, lo que evita que terminemos revolviendo todo en busca de alguna prenda.

Definitivamente cada país tiene diferentes costumbres y diversas culturas, quizá no todo lo que propone Marie Kondo podemos aplicarlo, sin embargo, siempre he sido de la idea de que de cada cosa debemos extraer lo que nos sirva para mejorar nuestras vidas, y de esta serie podremos aprender mucho y mejorar nuestro estilo de vida.





Aquí fotos de mis cajones:


 En verdad  me hubiera gustado hacer un antes y un después de este cajón dónde nada nunca me cabía.



¿Ustedes tienen un método especial para ordenar?

20 feb 2019

Ni muy muy, ni tan tan

Sé que criar y cuidar de los hijos, es una tarea muy complicada y que a veces nos surgen muchas dudas. Si alguna ves te has sentido entre la espada y la pared, entre los consejos del pediatra y los de tu abuelita, la suegra o alguna conocida, leer esto te podría ayudar.  

Siempre fui enemiga de los remedios naturales, y nunca creí en esos remedios milagrosos de los que hablan las abuelas, como reventar las anginas, curar de empacho o desflemar. Me daba mucha risa cuando alguien me sugería ir con alguna curandera, no me reía abiertamente, eso sería grosero, pero me preguntaba cómo con tantos avances tecnológicos la gente podía seguir creyendo en muchas de esas cosas. 

Y sin embargo, hace poco, mi abuela vino a ver a mi hija, para "curarla" con uno de sus menjurjes y me dio un remedio casero para bajarle la fiebre a Isabel, que francamente me quedé atónita cuando comprobé que había funcionado.

Quiénes me leen frecuentemente o me siguen por las redes, sabrán que terminamos e iniciamos el año muy mal en cuestión salud, al grado de que Isabel estuvo internada por neumonía. La enfermedad parecía no terminar aún después de que la dieron de alta. La tos volvía y lo peor, los días con fiebre muy alta. Y ni hablar del dinero que gastamos en consultas, medicamento y el hospital, porque eso sí, la niña siempre estuvo atendida por un pediatra. Cuando parecía que todo iba bien la tos regresaba.

Ya nos habían dado bastantes consejos de pomadas que ponerle, de como arroparla, de que no debíamos sacarla pues después de la neumonía quedaban "sentidos", pero nosotros siempre nos hemos apegado a lo que digan los pediatras. Ignoramos eso de taparla mucho porque el pediatra dijo que arroparla tanto era dañino, sudaba y eso hacía que el aire le cayera mal, ignoramos eso de untarle pomadas porque luego sale contraproducente y hasta ignoramos eso de exagerar con los cuidados porque el doctor decía que la niña ya estaba curada, ah también ignoramos cuando nos sugirieron vitaminarla porque el pediatra dijo que por el momento no era necesario.

Pero cuando Isabel volvió a enfermar y además nos cobraron la consulta, que yo creo debió contar como revisión porque la niña nunca estuvo al cien, empecé a darme cuenta que ni el pediatra es Dios, y que aveces es bueno buscar otras alternativas. Era la tercera o cuarta vez que Isabel se enfermaba en menos de un mes, que tenía fiebre (38.9) y la tos no le cedía. Paracetamol, neumelubrina, motrín y febrax, parecían no tener efecto, y los baños y los trapos bajaban la fiebre momentaneamente pero al poco tiempo volvía a subir. Pensé que en cualquier momento llegarían las convulsiones y comenzaba a sentirme impotente. 

Una mañana salí a trabajar, mi mamá se quedó cuidando de Isa y cuando regresé ahí estaba mi abuela. -Vine a curar a tu niña, y no me lo vas a creer pero hasta la fiebre le bajo. 

Me explico que con un tomate le había limpiado las anginas y que la niña había vomitado mucha flema. Además me explicó que le puso manzanilla en el pecho y que no debía bañarla ni sacarla al menos en 24 horas. Y me dijo que si la fiebre regresaba, le pusiera una bolita de algodón con alcohol en el ombligo, pues de momento no podía darle baños. Llegó la noche y como siempre, la fiebre comenzaba a hacer su aparición. Rápidamente le puse la dichosa bola de algodón en el ombligo por unos cinco minutos, cuando le tome de nuevo la temperatura, la niña estaba en su temperatura normal, y yo francamente me sentí aliviada. Esa noche la pasamos sin fiebre. Lo creeran o no, quizá coincidencia después de tanto medicamento, pero la niña mejoro y al parecer, hemos dejado atrás la enfermedad. Al mismo tiempo, decidí darle vitaminas a Isabel por un tiempo, en lo que se fortalece su sistema inmunológico porque no hay nada más feo que pasar los días en el doctor, y encerrados porque hasta el más mínimo aire le hacía daño a la bebé.

OJO. Con esto no estoy diciendo que hay que ignorar a los pediatras y que las abuelas tienen toda la razón. Con esto quiero decir, que los pediatras también comenten errores. Y que a veces, pareciera que tanto medicamento ya ni hace efecto en los niños. Por lo tanto, he llegado a las siguientes conclusiones:

  • Busca diversas opiniones. Sí, hay veces que un pediatra no da con la solución, por inexperiencia o por falta de conocimientos así que es bueno consultar con otros doctores.
  • Usa tu sentido común. Lo repito, los pediatras también cometen errores, así que escucha tu lógica, cuando sientas que algo no esta bien, cree en ese sexto sentido que tienes. 
  • Antes de hacer caso de los consejos del vecino, investiga primero, pues hay remedios caseros que suelen ser tóxicos y muy peligrosos para los niños. 
  • Puedes tomar algunos consejos inofensivos para los niños: como no sacarla determinado tiempo de casa, arroparla con una franela, cubrirle siempre el pecho. Ese tipo de consejos que sabes que jamás pondrán en riesgo la salud de tu hijo, sobre todo esos que no tienen nada que ver con ingerir sustancias no aptas para los más pequeños. 
  • Trata de formarte un criterio propio. No es bueno seguir a ciegas los consejos de la abuela, ni tampoco seguir a ciegas los consejos del pediatra, no todos son "profesionales", descubrirás que como en todo, hay muchos médicos desactualizados o muy mal informados.


Así soy yo, ni muy muy, ni tan tan. Todo con medida, tratando siempre de buscar el equilibrio.
Editada por Wendolin Vera. Con la tecnología de Blogger.