18 años han pasado desde que me convertí en mamá... y unos 16 desde que cree este sitió que me niego a soltar.
Y ya sé que cada cierto tiempo me prometo desempolvar el blog, escribir más constante y venir con cierta periodicidad, pero a veces me absorbe la rutina diaria y el estar presente en otras redes sociales, que siento que desde que llegaron han ido desplazando poco a poco a los blogs... y es que quién quiere leer en pleno 2025? Cuando tenemos a la mano la inmediatez de los reels y de tiktok, nos perdemos en clips cortos y superficiales, y vamos tras los influencers que nos muestran una vida inalcansable. Pero una parte de mí quiere creer que todavía hay quien vendrá por acá y leerá, y quizá se quedará, quizá quienes aún amamos el encanto de las letras, nos dejemos envolver por estos rinconcitos mágicos en los que entre líneas se comparten vivencias, situaciones y emociones. Quizá en algún rincón de este planeta todavía existan algunas Wendolines, buscando en la blogoesfera un poco de inspiración para continuar su día a día, buscando conexión con otras madres, con otras mujeres y con otros seres humanos.
Jamás soltaré este riconcito, pues siempre le cuento a Constanza que aquí hallé animos para continuar cuando aveces creía que no podía seguir avanzando, palabras de aliento y apoyo total de mujeres de todo el mundo que me escribían para decirme que era buena madre y que lo estaba haciendo bien. Entonces yo me enorgullecía, y seguía el paso. Y acá estoy, terminé mi licenciatura, hoy tengo un emprendimiento que a diario riego esperando un día sea enorme, y claro, sigo de la mano de mis preciosas niñas; Constanza ya con 18 años, preparando sus alas para emprender un vuelo que se siente cada vez más cercano, e Isabelita, la niña prematura que llegó luchando contra cualquier pronóstico médico demostrando que no hay voluntad más grande que la de ella y la de Dios.
Aquí seguiré porque tengo la firme creencia de que algo puedo compartir a la humanidad, que desde mi crianza aporto mi granito de arena para un mundo mejor, y que desde la empatía y el apoyo mutúo edificamos una base sólida que sostenga a futuras generaciones de mejores personas.
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